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terça-feira, 11 de novembro de 2014

Eleições brasileiras sob os olhares da esquerda latino-americana

Um pouco dos olhares latino-americanos sobre os resultados das últimas eleições. São percepções distanciadas e por isso mais acuradas e preparadas para revelar fantasmas e sombras invisíveis para nós.


Brasil después de las elecciones

Guillermo Almeyra
La Jornada


En Brasil, el país más grande y poblado de nuestro continente, el Partido de los Trabajadores (PT) logró una victoria a lo Pirro a pesar de que Lula lanzó todo su peso político a la campaña por la relección de Dilma Rousseff, pues ésta superó por sólo tres millones de votos (menos de tres puntos de porcentaje) a su adversario, el neoliberal declarado Aécio Neves.

Desde hace años, en cada elección de Lula, el porcentaje de votos del PT cae. Por otra parte, Dilma Rousseff no puede considerar suyos todos los poco más de 50 millones de votos que obtuvo porque en la segunda vuelta, una buena parte del millón y medio de votantes en la primera vuelta de Luciana Genro, la trotskista ex parlamentaria del PT en Río Grande do Sul, dio su voto crítico a la candidata petista contra el peligro revanchista de Neves. También millones de electores que antes votaron por Marina Silva contra el PT desacataron la orden de votar por Neves en 47 de las 51 ciudades donde la evangélica había sacado más sufragios que la presidenta y lo hicieron contra el hombre de los banqueros (en Pernambuco, por citar sólo un ejemplo, Silva había obtenido en el primer turno más de 60 por ciento y Dilma logró en el segundo 71 por ciento, contra cerca de 40 de Neves).

En esta pelea entre dos sectores de la burguesía brasileña y dos políticas burguesas que tienen muchos puntos en común, la representada por el PT y dirigida por los centroderechistas que encabeza Lula logró en efecto el apoyo electoral de los sectores más pobres mientras los sectores decisivos de la burguesía nacional e internacional conseguían canalizar a los más conservadores y ricos, desde las clases medias más acomodadas hasta los financieros, terratenientes y especuladores.

De las urnas salen dos Brasil contrapuestos, ambos con políticas de defensa del sistema capitalista, pero opuestas políticas sociales y que tienen casi el mismo apoyo popular: el que encabeza el PT, con un poco más de 51 por ciento de los votos y el del gran capital, con casi 49 por ciento.

Pero el menos numeroso puede hacer bajar la bolsa, las acciones de Petrobras, la moneda nacional como forma de votar contra el PT y canaliza la movilización –no forzosamente derechista– de la mayoría de los estudiantes y de buena parte de las clases medias (que en realidad protestan por la corrupción y protestaron antes del Mundial de futbol por el transporte y por la utilización insensata de los recursos públicos). El atraso político tradicional y la desinformación imperantes en el país facilitan también la acción intoxicadora de los medios de información dirigidos por grandes capitales.

No hubo ninguna victoria de la izquierda. El gobierno del PT salió de los comicios políticamente debilitado y sin firme base social, aunque tuvo el apoyo crítico de los sindicatos y de los campesinos más radicales, como los del Movimiento de los Sin Tierra, muy descontentos frente a la alianza de los gobiernos de Lula y de Dilma con los soyeros y el gran capital. Tiene, además, un Senado mayoritariamente conservador y muy hostil y una Cámara de Diputados con 28 partidos diferentes, la gran mayoría oportunistas y reaccionarios, con los que tendrá que negociar cada medida que proponga para tener o mantener una base popular.

Neves fue apoyado por el gran capital, la extrema derecha, los sectores más reaccionarios (como la mayoría de las sectas evangélicas brasileñas que son, en realidad, la simple creación de gente sin escrúpulos que aprovecha para hacerse millonaria con la extrema ignorancia de muchos brasileños). El mero asistencialismo de Lula y Dilma efectivamente sacó de la extrema pobreza a millones de personas, pero las hizo dependientes de las bolsas de comida y los subsidios del Estado providencial, no las educó políticamente sino de un modo muy elemental (hablando de un enfrentamiento de los ricos contra los pobres). Sobre todo, impidió que los explotados y oprimidos fueran políticamente independientes y creadores de su propio destino.

Su política y su ideología, como el extractivismo desenfrenado (soyero, minero, maderero); la idea capitalista del crecimiento económico a cualquier costo, incluso del desarrollo social; la expulsión del PT de los críticos de izquierda, y la visión de Brasil como una unidad sin división de clases, impidieron que los trabajadores se separasen de los explotadores y les contrapusieran su propio programa.

La crisis mundial no deja hoy margen para las soluciones a medias ni los compromisos podridos. La política distribucionista y paternalista –en Brasil y en los otros países con gobierno progresistas– está acabada. El gobierno del PT está, como dicen los italianos en la fruta, terminando el banquete progresista. Una parte del PSOL y de la izquierda anticapitalista, responsablemente, votó en la segunda vuelta contra Neves, evitando así lo peor y dándole un poco de oxígeno al gobierno. Otro sector del mismo partido y otros grupitos de extrema izquierda, como el PTSU y el PCR, prefirieron, en cambio, seguir diciendo que todos son iguales, porque todos son partidos procapitalistas y llamaron a sumarse a los 30 millones que, por atraso y pereza mental, prefieren dejar que otros decidan por ellos. A la izquierda del PT, donde sin duda habrá diferenciaciones, no hay por lo tanto sino una estéril política sectaria de los abstencionistas sin propuestas o un apoyo crítico al gobierno que prolonga un poco más su progresismo, pero que no crea las bases para una alternativa anticapitalista a la política neoliberal asistencialista y distribucionista de los ingresos, que ha perdido sus bases y está siendo golpeada ferozamente por la crisis. Una de las conclusiones de este peligrosísimo proceso es, por lo tanto, que hay que reconstruir una izquierda anticapitalista en Brasil para enfrentar los choques que se aproximan y abrir el camino a una fase más radical.


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08-11-2014

Brasil se negó al viraje conservador. ¿Qué viene?

Ignacio Díaz
América XXI


En los comicios más disputados desde que Lula ganó en 2002, Dilma fue reelecta tras una feroz campaña en su contra. Será Presidente hasta 2018. Como ahora, deberá hacer frente a una situación económica adversa y a la exigencia de un ajuste, planteado como inexorable desde distintos sectores. Si bien los candidatos más cercanos a Estados Unidos fueron derrotados, la derecha impuso la agenda de la campaña y alejó todavía más al PT de sus bases sociales originales.

El gran capital no ocultó su desilusión. El lunes posterior al triunfo petista hizo caer el índice de la Bolsa de Valores de San Pablo y hundió las acciones de Petrobras que cotizan en el país y en Europa. También presionó sobre la moneda y provocó una devaluación del real frente al dólar. Lo mismo ocurrió cada vez que alguna encuesta daba como ganadora a la presidente Dilma Rousseff. Lo inverso se producía cuando los guarismos daban altas chances al candidato del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (Psdb), el liberal-conservador Aécio Neves, nieto del ex presidente Tancredo Neves.

La ofensiva de la prensa nacional no fue menos virulenta: encolumnada detrás del Psdb aumentó sus ataques al Partido de los Trabajadores (PT) hasta horas antes de la segunda vuelta electoral. La revista Veja intentó dar la estocada final al adelantar al viernes su edición semanal, que tituló “Ellos sabían todo” e ilustró con los rostros de Rousseff y el ex presidente Lula da Silva, en alusión al escándalo de corrupción en Petrobras por el desvío de fondos públicos y el pago de sobornos, bajo investigación judicial.

No fue suficiente. Dilma consiguió el 51,64% de los sufragios válidos frente al 48,36% alcanzado por Neves. La Presidente sumó 10 puntos tras la primera vuelta y evitó la derrota pese a que Marina Silva (ex PT) apoyó públicamente al Psdb luego de quedar tercera con el 21,32%. La candidata del “capitalismo verde” era favorita para llegar a la segunda vuelta e incluso varias encuestadoras pronosticaron un triunfo suyo sobre Rousseff. Expuesta al debate político, sus contradicciones e inconsistencias quedaron en evidencia, al igual que su programa económico netamente liberal.

Resultado y perspectivas

Si bien el Psdb acusó un duro golpe y acumuló su cuarta derrota electoral consecutiva frente al PT, se consolidó como primera fuerza opositora y sorteó la amenaza que representó la candidatura de Silva por el Partido Socialista Brasileño (PSB), también de tinte socialdemócrata. Neves obtuvo el 33,55% de los votos el 5 de octubre y tres semanas después sumó 15 puntos más, en la mejor elección del Partido en 12 años. Desde esa posición, buscará condicionar al extremo el segundo mandato de Rousseff, que comienza el 1° de enero.

“No tiene por qué disminuir la intensidad de la oposición. Ella (Dilma) no tiene derecho a la luna de miel que todo gobernante recién electo tiene”, señaló el candidato a la vicepresidencia por el Psdb, Aloysio Nunes Ferreira, quien prometió hacer una oposición “firme” y “sin transigencia” a la Presidente. “Nosotros vamos a trabajar para reclamar aquello que ella prometió, para revelar lo que ella escondió. No tendrá tregua de nuestra parte”, completó. Para ello el Psdb cuenta con la gran elección hecha en el estado San Pablo, donde obtuvo casi 7 millones de votos más que el PT (64% contra 36%), diferencia que Rousseff revirtió en los nueve estados del nordeste, con 12 millones de votos más que su adversario.

Si cuando Lula llegó a la Presidencia en 2002 la campaña exigía un corrimiento hacia la izquierda de los Partidos electorales –y un movimiento centrista del PT, ya lejos de su origen revolucionario- esta vez una amplia franja del electorado mantuvo posiciones conservadoras y centristas y dejó sin votos a la oposición de izquierda al Gobierno. Sólo el Partido Socialismo y Libertad (Psol), surgido como escisión del PT, creció en relación a 2010: terminó cuarto con 1,55%, con la candidatura presidencial de Luciana Genro. El Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (Pstu) quedó noveno con 0,09% y el Partido Comunista Brasileño cayó a un 0,05%. En las presidenciales de 2006 una alianza de las tres fuerzas había alcanzado el 6,85% de los votos y el tercer lugar. Este año, separados, sumaron 1,69%. El último lugar fue para el Partido de la Causa Obrera (PCO), con 0,01%.

Dentro de la alianza gobernante, el PCdoB perdió seis diputados y ahora tendrá nueve. Sin base social, las organizaciones de la izquierda revolucionaria tienen un arduo desafío por delante.

Derechización del Congreso

El conjunto de la prensa y analistas de distinta procedencia ideológica coincidieron que la composición del nuevo Congreso resultante de la elección muestra un fuerte giro conservador, justo cuando la principal iniciativa de Rousseff es la reforma política, que necesita apoyo legislativo.

Pese a que la amplia coalición triunfante de nueve Partidos encabezada por el PT tendrá mayoría en ambas cámaras, el arco de alianzas va de la izquierda a la extrema derecha; del Partido Comunista de Brasil (PCdoB) al nuevo Partido Republicano del Orden Social (Pros), pasando por el principal aliado: el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (Pmdb), fiel representante del empresariado. Sin embargo, en cada estado las coaliciones partidarias se entremezclan y queda expuesto el vacío ideológico y programático de las decenas de siglas a la hora de definir alianzas. En Marañao, por ejemplo, el gobernador reelecto del PCdoB contó con el apoyo del Psdb y el PSB, mientras el PT apoyó formalmente al candidato del Pmdb. Las contradicciones no terminan ahí: entre los senadores que cuenta a su favor Rousseff está Kátia Abreu, ex presidente de la empresaria Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), enemiga del Movimiento Sin Tierra (MST) y la reforma agraria, una promesa histórica del PT. Se trata de un ejemplo entre muchos.

Con 18 diputados menos, más fuerzas en pugna por cargos políticos con las cuales negociar y un mayor condicionamiento opositor, parecen reducidas las esperanzas de amplios sectores sindicales y movimientos sociales de que se produzca un giro a la izquierda en el Gobierno. Aunque no había confirmaciones al cierre de esta edición, distintas voces daban por sentado cambios en sentido inverso para la conformación del gabinete ministerial. Ya durante la campaña Dilma debió prometer que cambiará a su actual ministro de Economía, Guido Mantega, por uno más afín al gran capital. Quien cuenta con más chances es Luiz Trabuco, presidente de Bradesco, el segundo mayor banco privado del país.

Vuelta de página

Ante el descontento social, expresado con fuerza en las masivas manifestaciones de junio de 2013, la campaña del PT tuvo como eslogan “Gobierno nuevo, ideas nuevas” y prometió “cambio y reformas”. Apenas ganó la elección, Rousseff se apuró en proponer un “diálogo amplio con todas las fuerzas productivas, con todas las fuerzas sociales y con todo el sector financiero”. Aseguró también que dejará un país “más moderno, más inclusivo, más productivo, con más solidaridad y más oportunidades (…) Un país que cuida de todos, en especial de los pobres, de las mujeres, de los negros y de los jóvenes, que fueron los grandes segmentos de la población que emergieron en estos 12 años”.

La coyuntura económica le juega en contra: estancamiento, leve aumento de la inflación, crecimiento del desempleo y freno en la disminución de la desigualdad social. En números: 0,29% de crecimiento estimado para este año; inflación de 6,5%, mayor de lo esperado; el desempleo pasó de 6,1% en 2012 a 6,5% en 2013. A esto deben sumarse las presiones empresariales y fiscales para aumentar los precios de la gasolina, la energía y el transporte en general.

Más esperanzadora y optimista fue la acogida del resultado electoral en América Latina y parte del mundo. Un alivio atravesó la región, ya que un triunfo de Neves o Silva hubiera inclinado la balanza a favor de la Alianza del Pacífico y Estados Unidos, en detrimento de la Celac, la Unasur, el Mercosur y, en consecuencia, también del Alba e incluso de los Brics. Ganó la apuesta a la integración regional y la multipolaridad.

Fuente: América XXI - Edición de noviembre
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Claves de la victoria y retos para el PT



La cuarta victoria electoral consecutiva del PT en las presidenciales brasileñas, por un estrecho margen frente al liberal PSDB, nos plantea tres importantes interrogantes: quién gana y quién pierde, las razones de la victoria, y los retos fundamentales para el próximo periodo de gobierno.
Quién gana y quién pierde. Los análisis más superficiales y condescendientes con el partido de gobierno afirman que el triunfo de Dilma Rousseff supone una victoria de la izquierda frente a la derecha. Sin embargo, la diversidad de los intereses en juego obliga a una lectura de los resultados mucho más compleja y precavida.
En primera instancia, es cierto que la derecha tradicional y su elite económica han sido derrotadas “políticamente” de nuevo, al no haber conseguido desalojar al PT del Palacio de Planalto. La agresiva estrategia de campaña que articuló un feroz ataque comunicacional por parte del latifundio mediático, tanto local (grupo Globo, Folha, etc.) como global (The Economist, Wall Street Journal…), la cooptación política (Marina Silva), y la amenaza económica (caída de la Bolsa de Sao Paulo), no fueron suficientes para devolver el sillón presidencial a sus ‘dueños habituales’. La derrota “política”, sin embargo, no implica especiales consecuencias económicas para el conglomerado financiero, agro-ganadero e industrial que durante estos años ha hecho jugosos negocios en el marco del neo-desarrollismo lulista.
La victoria pírrica y agridulce es para el Partido de los Trabajadores (PT), que tras 12 años de gestión se ha alejado sustancialmente de una agenda de izquierda. Su desgaste es evidente, ya que la amplia ventaja cosechada por Lula en sus triunfos electorales de 2002 y 2006 (20% de diferencia), se redujo a 12 puntos en el 2010 (primera presidencia de Dilma) y en estas últimas la distancia es de apenas 3%.
También se pueden considerar ganadores esos millones de brasileñas/os anónimos que hicieron un esfuerzo extra para frenar la reconquista de los neoliberales y de su programa de recortes de salarios y servicios sociales. Y para finalizar, todos los aliados latinoamericanos de Brasil y sus socios del BRICS.
Claves de la victoria. Diversos factores explican la remontada de última hora de Rousseff. Por un lado, la activación del “voto del miedo” en amplias franjas de la población que veían con suma preocupación la posibilidad de regresar a la década de los noventa, cuando el Consenso de Washington hizo estragos. Todavía se siente cerca la ‘halitosis neoliberal’, aunque el paso del tiempo y la llegada de generaciones más jóvenes tienden a desactivar este efecto.
Por otro lado, el voto leal y en cierta manera cautivo de los sectores más empobrecidos de la población, principalmente en el Nordeste del país, donde el programa ‘Bolsa Familia’ tiene una fuerte implantación. Dilma arrasó en esta región con más del 70%, compensando el importante retroceso en el centro y sur del país. A esto hay que agregar el flujo importante de sufragios que en la primera vuelta votaron por Marina Silva, y que en la segunda se decantaron por Rousseff, a pesar de que aquella pidió el voto para Aécio Neves.
El papel del expresidente Lula fue otro factor decisivo, ya que se volcó en la campaña tras la primera vuelta. El alto prestigio que mantiene fue capitalizado por Dilma en el último tramo de la contienda. Paralelamente, el apoyo crítico y a su vez desesperado de los grupos políticos de izquierda y del movimiento sindical y popular fue otro aporte nada desdeñable. Por último, la propuesta de política exterior de la derecha de privilegiar las relaciones con EE.UU. y la U.E. y desactivar instrumentos de integración como Mercosur, Unasur, etc., supuso un torpe ataque al imaginario de “Brasil Potencia” que se ha ido construyendo durante la última década y que se ha convertido en un exponente de orgullo nacional.
Retos múltiples. Los logros de la década lulista son indudables, según el Centro de Investigación en Economía y Política: reducción de la pobreza del 35,8% al 15,9% y de la extrema del 15,2% al 5,3%; bajada del desempleo del 13% al 4,9% y aumento notable del salario mínimo, el de empleados públicos y pensiones; incremento del gasto social del 13% al 16% del PIB (en educación del 4,6% al 6,1%). Sin embargo, uno de los grandes desafíos va a ser la inclusión de amplias franjas de pobres urbanos y sectores medios, golpeados por la contra-reforma urbana (el nuevo extractivismo que expulsa pobres de las favelas) y el deterioro de servicios sociales (sanidad) y públicos (transporte). El retroceso electoral en Sao Paulo, la mayor urbe del país, es un indicador muy relevante.
El neo-desarrollismo, por su parte, evidencia sus límites y contradicciones. La impostergable reforma agraria volverá a chocarse de frente con la dependencia exportadora de productos del agro-negocio (principalmente soja transgénica), bajo control de grandes terratenientes que han aumentado su presencia en el Congreso (de los 89 representantes del 2003 a los 257 del actual). Los conflictos sociales y ambientales se agudizarán por la expansión de grandes obras de producción de energía (mega-hidroeléctricas, fracking) y de grandes infraestructuras viarias y de transporte (TAV), negocio multimillonario para los grandes consorcios de la construcción brasileña (Odebrecht, Andrade Gutierrez, etc.)
El problema de la deuda será otro de los campos de batalla. De la reducción de la deuda externa del 41,8% del PIB al 13,7% se ha pasado al ‘negocio’ (para los bancos prestamistas) de la deuda pública que supone una sangría anual en los presupuestos de la nación.
El impulso a una nueva ley de medios que reduzca el poder desmesurado de los grandes grupos de comunicación, es señalado como otro gran reto. A esto hay que agregar la prometida reforma política para afrontar la corrupción e introducir mecanismos de democracia participativa. La vía de la Asamblea Constituyente puede ser una opción, aunque la composición cada vez más oligárquica del Congreso será un obstáculo evidente.
Por último, desde los sectores más a la izquierda, se sigue soñando con que el PT redefina su estrategia y facilite las condiciones para una etapa de movilizaciones de calle, desburocratización y repolitización militante. Como esto probablemente no ocurrirá, la sombra de Lula comenzará a proyectarse para una nueva disputa electoral en el 2018.
Luismi Uharte. Parte Hartuz Ikerketa Taldea
Fonte:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191853
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